¿A qué precio se ha logrado evitar, desde 1945,
una tercera guerra mundial? ¿Cuántos días
han permanecido las armas realmente silenciosas en el mundo entero?
El que en los conflictos –que pese a todo siguen involucrando
a las potencias industriales, tanto grandes como pequeñas
- se haya desplazado hacia los países pobres, en nada cambia
el hecho de que los hombres, mujeres y niños, cuya vida
es tan preciosa como la de cualesquiera otro sigan muriendo a causa
de la guerra.
Para las naciones que, solamente en el siglo XX, han sacrificado
más de 100 millones de víctimas a la guerra y que
siguen malgastando una parte considerable de su genio, de su energía
y des sus recursos en la fabricación de artefactos de muerte
cada vez más perfeccionados, la cuestión del desarme
constituye un auténtico desafío. Aceptar este desafío
supondría no solamente librar a la humanidad de la amenaza
de una hecatombe sin precedentes sino también dotarse de
los medios para luchar victoriosamente contra la miseria, la enfermedad,
la ignorancia y los demás azotes que agobian a tantos pueblos.
En realidad, bastaría con poner al servicio del desarrollo
aunque fuera una parte de los recursos materales y humanos dedicados
a la preparación de la guerra, para transformar considerablemente
el rostro del planeta, diminuir la distancia creciente que separa
a las naciones ricas de las pobres y reducir las zonas de pobreza
que siguen subsistiendo en numerosos países insdustrializados.
Jóvenes delegados, hagamos de CAMINU XIV un espacio que
genere opiniones que dirijan un cambio de la realidad imperante;
en donde se apele a la razón y la cordura; a la generosidad y
solidaridad bien entendidas. Éste es un combate largo y
difícil, a veces ingrato, porque las ideas deben callar
a los cañones, pero también, un combate cargado con
todas las esperanzas del mundo.
Adaptado de un texto de Amadou_Mahtar M’Bow, Correo
de la Unesco |