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“La inteligencia se define como la capacidad para resolver
problemas. Entonces cuando la única alternativa que se encuentra
para resolver los conflictos es mediante la violencia, podríamos
decir que ¿se posee una menor inteligencia?”
Las personas nos preocupamos toda la vida por construir
relaciones de amistad, amor, cariño; pero con el paso del
tiempo somos nosotros mismos quienes nos esforzamos por anularlas
y destruir lo que con tanto trabajo hemos construido, lo que es
consecuencia de una idea equívoca de actuar y pensar “como
todo el mundo lo hace”. Lamentablemente, la mayoría
de las personas de este mundo actúan con una actitud de indiferencia,
lo que no los hace seres violentos, pero tampoco pacifistas.
Aquí es en donde yo me cuestiono, si verdaderamente
los modelos de Naciones Unidas nos hacen parte de las personas que
buscan permanentemente la paz o de aquel grupo de personas indiferentes;
a mi parecer pertenecer a un club de ONU, o participar en varios
modelos de la Organización no nos adhiere inmediatamente
al grupo de forjadores de una cultura de paz; son nuestras actitudes
y sentimientos las que nos hacen personas distintas a la mayoría,
personas emprendedoras capaces de moldear un mundo mejor, de fabricar
sueños que un día se convertirán en realidades
idóneas para contribuir de una manera positiva al enriquecimiento
de la vida y al fomento de la verdad.
La imagen de la violencia hipnotiza a más
de uno, porque de cierta manera se asemeja a algo objetivo, con
situaciones verdaderas que acontecen al mundo, con cantidades exactas
más próximas a producir sensaciones en las personas
ansiosas de cifras estadísticas, del número de muertos
y heridos, y que solo consigue llamar la atención momentánea
de los medios de comunicación.
Lo que deseo recalcar es la importancia de asumir
un “compromiso real” de transformación social;
evolución que conseguiremos mediante una íntegra educación
por la paz, para el desarrollo de nuestra personalidad, el fortalecimiento
del respeto por la libertad, para la consolidación de un
mundo basado en los principios de justicia, igualdad y solidaridad.
De esta manera sí conseguiremos que los modelos de Naciones
Unidas no solo sean un lugar de interacción, sino un espacio
de aprendizaje.
Como presidenta del Comité Económico-Social,
espero ser un puente que permita el diálogo y estimule su
fuente de creatividad y voluntad de cooperación; aprenderemos
así, a escuchar, ceder y a crecer.
Recordemos por siempre que sólo mediante la educación
podremos edificar una paz duradera en la mente de los hombres, para
pasar de una cultura de guerra a una Cultura de Paz.
Verónica Suárez Molina – Colegio Spellman
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