|
Durante diecisiete años, el Colegio Americano
de Quito ha organizado su Modelo de Naciones Unidas con el objetivo
de inculcar en los participantes el interés, e incentivar
el entendimiento de temas y eventos globales importantes, que en
los jóvenes muchas veces pueden pasar desapercibidos. El
haber sido los pioneros en organizar este tipo de ejercicios académicos
demuestra el empeño del Colegio Americano en formar personas
de pensamiento crítico y comprometidas con el bienestar de
la sociedad. Desde 1993, cada año el Colegio ha recibido
a cientos de estudiantes de instituciones locales, nacionales e
internacionales; de diferentes orígenes y estratos económicos;
y con ideas y percepciones muy distintas del mundo. Durante unos
pocos días ellos abandonan sus opiniones personales y se
dan el rol de representar a diplomáticos de países
muy distintos al suyo. El ejercicio educativo que hacen genera habilidades
de investigación, redacción, oratoria y negociación.
Adicionalmente, los participantes aprenden sobre la importancia
de la diplomacia y del diálogo como herramientas para solucionar
los problemas que las sociedades enfrentan.
Este ejercicio es tan o más relevante hoy
como lo era hace diecisiete años. El sistema internacional
está viviendo un proceso de cambio profundo de las estructuras
tradicionales y la cooperación es más importante que
nunca. El deterioro de la imagen internacional de Estados Unidos,
así como el debilitamiento de su economía por motivo
de la fuerte recesión económica y su conflictiva política
interna, han causado que la hasta hace poco única superpotencia
vea surgir a su alrededor nuevos focos de poder y desarrollo. Las
economías emergentes, con sus modelos de crecimiento acelerado
y su capacidad de proveer mejor calidad de vida para su gente que
nunca antes, han logrado hacerse un espacio de protagonismo en la
esfera mundial. El surgimiento sin precedentes de China, basado
en un modelo de ascendencia pacífica, es un ejemplo del cambio
gradual que está sufriendo el sistema. Para algunos, sin
embargo, estos cambios distan de ser pacíficos y son percibidos
como una amenaza. Asimismo, la diplomacia ha sido sacudida por escándalos
como la filtración de miles de documentos del gobierno americano
a WIkileaks lo que ha causado un debate a gran escala sobre la verdadera
naturaleza de las relaciones internacionales.
De cierta manera las divisiones políticas
y económicas parecen acentuarse y volverse peligrosas. Sin
embargo, y en aparente contraste con los estados, las sociedades
del mundo nunca han estado más unidas. Las divisiones ideológicas
y culturales no han podido contener la acelerada evolución
hacia el establecimiento de una verdadera aldea global. El mundo
ha visto en años recientes una diseminación de información
sin precedentes. Proyectos como Google Books buscan digitalizar
millones de libros en bases de datos online, y la popularidad y
confiabilidad de sitios como WIkipedia están creciendo a
paso acelerado. Estos avances nos indican que no va a pasar mucho
tiempo antes de que cualquier persona con acceso a internet pueda
tener en su pantalla la totalidad del conocimiento humano. Esta
facilidad para diseminar información ha contribuido a romper
fronteras sociales, ideológicas y culturales, y lograr que
las relaciones sociales salgan de la esfera nacional y se vuelvan
transnacionales y transcontinentales. El internet permite a las
personas crear vínculos virtuales permanentes con gente de
todo el mundo. Nunca ha sido tan fácil mantenerse en contacto
constante con todos nuestros amigos y conocidos, estén ellos
en Quito, mochileando por europa o escalando los Himalaya. De la
misma forma, si utilizamos servicios como Twitter o Youtube, y nuestro
mensaje es lo suficientemente atractivo, podemos sin esfuerzo llegar
a una audiencia de miles de personas. Si el fundador de Facebook,
Mark Zuckerberg, decidiera publicar un mensaje en la página
principal de su sitio, lo verían 500 millones de personas
casi instantáneamente. Eso es comparable a la audiencia televisiva
de la final de un mundial de fútbol.
Las posibilidades de intercambio de información
son infinitas, pero es necesario saber cómo aprovecharlas.
En la esfera de la política, estas oportunidades no han pasado
desapercibidas. Existen jóvenes alrededor del mundo que día
tras día expresan, por medio de tweets y escribiendo en sus
blogs, sus opiniones a una audiencia tan multitudinaria como anónima.
Nunca ha sido tan fácil hacer política. Estos mismos
jóvenes están contribuyendo a que se den cambios radicales
en sus sociedades. Los recientes eventos en Medio Oriente son el
reflejo de esta tendencia. La influencia de la tecnología
se está extendiendo cada vez más al plano político
y está contribuyendo a involucrar a más gente. Las
ideas de protesta en la antes mencionada región se diseminaron
rápidamente por las redes sociales y se materializaron tan
exitosa como simultáneamente en Egipto y Túnez, logrando
apartar del poder a gobiernos totalitarios que lo habían
ostentado durante décadas. Así, en las últimas
semanas, el mundo ha visto protestas contra dictadores surgir en
cada vez más lugares. La tecnología ha impulsado a
los jóvenes a participar más en la política.
Esta nueva generación, con objetivos de democratización
y mejora de la calidad de vida, tiene un poder nunca antes visto,
y con ello ha logrado que los oídos de la comunidad internacional
escuchen con atención sobre cómo los derechos fundamentales
de millones de personas alrededor del mundo están siendo
violados.
Es cierto que ahora más que nunca la mayoría
de los países cree en la protección universal de los
derechos humanos, y está más dispuesta a intervenir
en donde estos están siendo violados a gran escala. La creación
de numerosos instrumentos internacionales relativos al tema, y su
aceptación por parte de un número mayor de países,
demuestra los grandes avances que se han dado en materia de derechos
humanos desde la fundación de las Naciones Unidas hace ya
más de 65 años. La responsabilidad de los estados
de proteger los derechos humanos se está volviendo cada vez
más ineludible. Sin embargo los abusos continúan especialmente
en áreas azotadas por la pobreza, el conflicto y la represión
política. Como siempre, los más vulnerables, mujeres
niños y minorías étnicas y religiosas, son
los más afectados. La comunidad internacional debe responder
al llamado que proviene de Medio Oriente. La maquinaria, a veces
muy burocrática y a veces excesivamente lenta, de los organismos
internacionales como la ONU, debe ser capaz de actualizarse a los
tiempos y utilizar las herramientas tecnológicas y las fuertes
relaciones humanas trasnacionales existentes, para ocuparse de los
problemas mundiales.
Ustedes, delegados de CAMINU XVII son parte de esta
nueva y empoderada generación. Por medio de su conocimiento
y acceso a una cantidad ilimitada de información, podrán
en el futuro ayudar a conducir a la humanidad por los senderos de
la cooperación, la paz y la protección de los derechos
y libertades fundamentales. El modelo de Naciones Unidas en el que
participarán este año les ayudará a desarrollar
las habilidades necesarias para que puedan conseguir estos objetivos.
El enfoque de CAMINU XVII son precisamente los derechos
humanos. Este año por primera vez vamos a simular la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, un organismo regional con un
inmenso prestigio internacional y que durante los últimos
30 años ha luchado para hacer que los estados rindan cuentas
sobre abusos y violaciones. También simularemos –en
inglés- por primera vez el Human Rights Council (Consejo
de Derechos Humanos) creado en el año 2005 con el objetivo
de dar más relevancia dentro de la Organización a
la protección de los derechos humanos. Finalmente, tenemos
entre los temas de Asamblea General, Consejo de Seguridad y Comités
de OEA temas relativos a la protección de los mismos.
Les invito a participar con compromiso y entusiasmo.
Bienvenidos.
Rafael Corral |